Clase, Raza, y Los Ataques a los Empleados Públicos

March 30, 2011

El levantamiento en Wisconsin se ha convertido en una de las más fuertes señales de alerta de que el pueblo trabajador de los Estados Unidos se encuentra bajo ataque. Los planes del Gobernador Scott Walker y su mayoría legislativa Republicana para quitarles a los trabajadores del sector público los derechos al convenio colectivo – como la premisa falsa para las dificultades presupuestarias por las cuales el estado está pasando – ha desatado un alboroto a nivel nacional entre activistas para los derechos laborales.

A pesar de todo lo bueno que los sindicatos y trabajadores organizados hayan creado para todos los trabajadores de los Estados Unidos – los que están sindicalizados y los que no – se ha visto una erosión constante en las tasas de membresía de los sindicatos gracias al ataque en su contra por parte del sector empresarial a lo largo de las últimas década.

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Como resultado, existe un abismo económico que separa los ricos de todos los demá.

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Casi el 75% de toda la riqueza del país está en manos de tan solo el 10% de las familias e individuos más ricos. Y en las pocas manos del 1% más rico está un enorme 34% de la riqueza del país. Entre algunas personas de esta élite adinerada, existen unas ansias tan fuertes e insaciables por las ganancias que están borrando de la existencia a la clase media estadounidense, mientras los ingresos individuales se estancan y la crisis de empleo continúa.

Si la campaña antisindical del Gobernador Walker resulta exitosa, nos podríamos enfrentar con un cambio sistemático que callaría aún más las voces de los trabajadores corrientes. Las agresiones en contra del convenio colectivo son, en el fondo, agresiones en contra de la democracia misma. Los que obran para debilitar a los sindicatos por extensión apoyan activamente a la plutocracia – o sea, poder en las manos de las personas ricas.

¿Quién Está en Condiciones de Perder Más?

Lo que muchos no sabemos es: ¿quién está en condiciones de perder más por los ataques en contra de los trabajadores organizados? Desafortunadamente, la respuesta no debe de sorprendernos.

Cuando se trata de los trabajadores sindicalizados, el sector público ha servido como un punto de apoyo mucho más confiable que el sector privado. Las protecciones más rigurosas a la igualdad de oportunidades y el servicio civil que se pueden encontrar en el sector público ofrecen un ambiente más agradable que el sector privado para trabajadores históricamente privados de sus derechos. Por ejemplo, a las mujeres ytrabajadores de color el sector público ha brindado más oportunidades para que logren paridad de ingresos con hombres Blancos.

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Iniciativas para desmantelar a los sindicatos del sector público, como la del Gobernador de Wisconsin, perjudicarán aún más a aquellos que ya se encuentran en batallas continúas en contra de la discriminación laboral.

Un informe reciente elaborado por Unidos para una Economía Justa (UFE) subraya el papel esencial del sector público en ofrecer oportunidades a la gente de color, quienes cargan no sólo el peso de las injusticias del pasado sino que también tienen que enfrentarse a las barreras actuales de la movilidad económica ascendente. Hoy día, trabajadores Afro-americanos mucho más propensos a ocupar puestos gubernamentales que toda la fuerza laboral en general. Tomando en cuenta esta realidad, recortes globales apresupuestos federales, estatales, y hasta municipales producirán efectos especialmente ruinosos para los trabajadores Afro-americanos.

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Si vamos a avanzar más allá de una recuperación económica sin empleos y tratar de manera significativa la vergonzosa desigualdad racial que mancha a esta sociedad “civil” en la que supuestamente vivimos, es preciso que protejamos al sector público mediante un programa de empleo que invierta en el pueblo y en la estabilidad económica a largo plazo.

¿Dónde está el Dinero?

La frase “estamos sin dinero” como la base lógica para recortes presupuestarios severos no sólo es trillado sino que es totalmente equivocado. No estamos sin dinero. Este sigue siendo un país extremadamente rico. El problema, antes mencionado, es de que una parte excesiva de la riqueza del país se ha concentrado en muy pocos bolsillos. Tal lo afirma Robert Reich:

No se puede luchar en contra de algo sin nada. Pero mientras los Demócratas se nieguen a hablar sobre la acumulación casi sin precedentes de ingresos, riqueza, y poder en la cima – y la negación total de los super-ricos a pagar la parte que les corresponde de los gastos del país – los Republicanos convencerán a la gente de que esto solamente se trata del gobierno y de los sindicatos.

Y, para no hacerle al GOP el único chivo expiatorio, Reich señala también el politiqueo inapropiado de los Demócratas.

El mensaje Republicano es que la culpa por la economía malísima que la mayoría de la población sigue enfrentando la tiene un gobierno hinchado. Recorten lo hinchado y regresarán los trabajos y los sueldos.

No hay nada más alejado de la verdad, pero por alguna razón, Obama y los Demócratas no están respondiendo con la verdad. Su respuesta es: Estamos de acuerdo pero ustedes van demasiado lejos. Los empleados gubernamentales deberían de sacrificarse más sueldo y beneficios, pero que no se les quiten sus derechos a la negociación. Trabajadores sindicalizados del sector privado deberían de hacer más concesiones pero que no destruyan a los sindicatos. Los gastos discrecionales no militares deberían ser recortados pero que no recorten demasiado.

Existe el dinero para un programa de empleo y otras medidas para impulsar la recuperación económica, pero no estamos aprovechando los recursos más abundantes.

Exijamos que las corporaciones ya no se vayan al extranjero para zafarse de los impuestos que les tocan.

Cobremos impuestos sobre la inversión de alto riesgo - parecida a los juegos de casino - que se practica en Wall Street, misma que tanto contribuyó a la crisis económica.

Restablezcamos progresividad al sistema de impuestos individuales aumentando impuestos a los ricos, quienes son los que más se han beneficiado de nuestra economía y más habilidades tienen de poder contribuir más sin que tengan que cambiar su forma de vivir.

Podemos aumentar las tasas de impuestos federales sobre los niveles de ingreso más altos hasta donde estaban antes de la Presidencia de Bush y también añadir más niveles para aquellas personas con ingresos extraordinariamente altos. Podemos reforzar el impuesto al patrimonio mucho más allá de la forma que tiene ahora – como un medio para impedir la creación de dinastías estadounidenses y también para reducir la desigualdad de riqueza. Podemos acabar con el trato preferente que se da a los ingresos de inversión – como la ganancia de capital y dividendos – cobrándoles impuestos tal y como los que se cobran a los ingresos de sueldo.

Y quitemos al Pentágono – que ahora ocupa un 58% del presupuesto discrecional federal – de la tetilla proverbial del contribuyente, mediante un recorte a los gastos militares innecesarios.

Sería más efectivo aplicar los ingresos generados a las inversiones nacionales. Sin embargo, dichas inversiones se deberían de hacer mediante un enfoque específico que aborde los abismos de clase y de raza que existen en los Estados Unidos.

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Pero primero tendremos que llegar a un acuerdo compartido sobre la clase de sociedad en la que queremos vivir. Será una sociedad que ¿fomenta la avaricia y la desigualdad? O ¿una que brinda servicios esenciales y oportunidades para todos? Será una sociedad en que se abren las puertas sólo para los adinerados, o ¿una que es verdaderamente democrática? Será una sociedad que fomenta los choques sociales, o ¿una que inspira en todos nosotros sentimientos de unión y comunidad?

En sus mejores momentos, el movimiento sindicalista Estadounidense no sólo lucha por sus miembros sino aboga por políticas que nos benefician a todos – entre ellas un sistema nacional de salud, un aumento al sueldo mínimo, lugares de trabajo más seguros, derechos laborales, y protección al medio ambiente.

Es verdad que las intersecciones históricas entre los movimientos por los derechos civiles y por los sindicatos no siempre nos llenan de orgullo, pero sería contraproducente enfocarse solamente en los sindicatos por un legado de discriminación que pertenece al país entero. Adoptemos la esperanza de que los dos movimientos puedan encontrar motivos compartidos y que así avance un movimiento más diverso, integrador, y sobre todo, unido.

Irónicamente, bien puede ser que los ataques indignantes del Gobernador Walker a los empleados públicos enciendan el mero movimiento que él busca aplastar – un movimiento que nos lleva hacia una sociedad más justa y más igualitaria.

Originalmente publicado en Classism Exposed, 11 de marzo 2011.

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