What Silvia Federici Teaches Us About Economic Inequality
Cooking, cleaning, raising children, caregiving, providing emotional support, and sustaining everyday life are rarely recognized as economic production. Yet without this labor, no economy could function.

RIQUEZA INVISIBLE Y TRABAJO QUE SUSTENTA LA VIDA
Lo Que Silvia Federici Puede Enseñarnos Sobre La Desigualdad Económica
Cocinar, limpiar, criar a los hijos, cuidar de otros, brindar apoyo emocional y sostener la vida cotidiana rara vez se reconocen como producción económica. Sin embargo, sin esta labor, ninguna economía podría funcionar.
Silvia Federici, one of the great feminist philosophers of capitalism, shows us in her landmark Patriarchy of the Wage that capitalism is sustained not only by waged labor, but also by an enormous amount of unpaid work that is reframed as love, family duty, or a woman's "natural calling."
The Political Work of Wages
From this perspective, wages are more than a form of compensation—they are also a political boundary. Wages determine which forms of labor are recognized as "productive" and which are relegated to the private responsibility of women. Federici invites us to understand that the home is not outside the economy; it is one of the primary sites where labor power is produced and reproduced before entering the market.
This analysis resonates deeply with the work of United for a Fair Economy. In all our work, UFE highlights how economic inequality is not accidental—it is built upon systems of racial and gender inequality.

US women overall perform 167% as much unpaid care and related labor as men (from UFE’s "Structural Inequities Rest on Race and Gender")
In other words, the problem is not only a wage gap. It is also a recognition gap. Women — particularly Black women, Latinas, immigrant women, and low-income women — carry a double burden. They sustain the economy through some of its lowest-paid jobs while simultaneously sustaining life itself through work that often receives no compensation at all.
Global data confirms this pattern. The International Labour Organization estimates that 708 million women worldwide are outside the labor force because of unpaid caregiving responsibilities, compared to 40 million men. Around the world, women perform approximately 76.2% of all unpaid care work, spending an average of 4 hours and 25 minutes each day on caregiving activities, while men spend 1 hour and 23 minutes.
In the United States, the economic cost of caregiving is equally visible. The U.S. Department of Labor estimates that unpaid family caregiving reduces a mother's lifetime earnings by approximately 15%, resulting in an average lifetime loss of nearly $295,000 in wages and retirement income. These disparities are also reflected in labor force participation. In 2025, 73.9% of mothers with children under 18 participated in the labor force, compared to 93.7% of fathers.
When Reproductive Work is Waged, It’s Devalued
The inequality becomes even more apparent when we examine paid care work. The National Domestic Workers Alliance reminds us that domestic work makes all other work possible and represents more than 2.2 million nannies, house cleaners, and caregivers across the United States. Yet these workers — disproportionately women and immigrants — often face low wages, precarious working conditions, and exclusion from many labor protections. Within the home care sector, women account for 87% of home health aides and 80% of personal care aides.

Latina women earn just 58 cents and Black women 66 cents for every dollar earned by the average white man (from UFE’s "Structural Inequities Rest on Race and Gender")
Here lies the political point: capitalism calls work "love" when it does not want to pay for it, and labels it "low-value" even when it cannot function without it.
This is why discussing the patriarchy of the wage is about far more than women working inside the home. It is about how income and wealth are organized. Who has time to work, study, save, or invest? Who provides care so that others can participate in the paid economy? Who is able to accumulate wealth? Who reaches old age without financial security after spending a lifetime sustaining everyone else's lives?
Developing our Critical Analysis with Popular Education
From the perspective of popular education, these reflections invite us to ask simple but transformative questions:
-
Who cooked the meal and cleaned the house that allowed someone else to go to work?
-
Who cared for the children so another person could attend school or pursue a career?
-
Who took time off from paid work to care for an aging parent, or accompany a loved one to a doctor's appointment?
-
What would happen to the economy if women stopped providing care for just one week?
Federici helps us name what the economic system hides. UFE helps us locate it within broader structures of racial and economic inequality. Together, these perspectives remind us that wealth is not created only in factories, corporate offices, or financial markets. It is also created in kitchens, hospital rooms, childcare centers, other people's homes, and households across the world where millions of women sustain life every single day with little recognition and even less compensation.
~English above~
RIQUEZA INVISIBLE Y TRABAJO QUE SUSTENTA LA VIDA:
Lo Que Silvia Federici Puede Enseñarnos Sobre La Desigualdad Económica
Cocinar, limpiar, criar a los hijos, cuidar de otros, brindar apoyo emocional y sostener la vida cotidiana rara vez se reconocen como producción económica. Sin embargo, sin esta labor, ninguna economía podría funcionar.
Silvia Federici, una de las grandes filósofas feministas críticas del capitalismo, nos muestra en su obra fundamental *El patriarcado del salario* que el capitalismo se sostiene no solo mediante el trabajo asalariado, sino también gracias a una enorme cantidad de trabajo no remunerado que se presenta bajo la apariencia de amor, deber familiar o la “vocación natural” de la mujer.
La dimensión política del salario
Desde esta perspectiva, los salarios son más que una forma de compensación: constituyen también una frontera política. El salario determina qué formas de trabajo se reconocen como “productivas” y cuáles quedan relegadas a la responsabilidad privada de las mujeres. Federici nos invita a comprender que el hogar no está fuera de la economía; es uno de los espacios fundamentales donde se produce y reproduce la fuerza de trabajo antes de su entrada en el mercado.
Este análisis guarda una profunda afinidad con la labor de la organización United for a Fair Economy (UFE). En todas nuestras actividades, la UFE destaca que la desigualdad económica no es accidental, sino que se cimenta sobre sistemas de desigualdad racial y de género.

Según el informe de UFE “Las desigualdades estructurales se basan en la raza y el género”, en general, las mujeres en Estados Unidos realizan un 167 % más de trabajo de cuidados no remunerado y labores conexas que los hombres.
En otras palabras, el problema no es solo la brecha salarial; también existe una brecha de reconocimiento. Las mujeres —en particular las mujeres negras, latinas, inmigrantes y de bajos ingresos— soportan una doble carga. Sostienen la economía desempeñando algunos de los empleos peor remunerados y, al mismo tiempo, sostienen la vida misma mediante labores que, a menudo, no reciben remuneración alguna.
Los datos mundiales confirman este patrón. La Organización Internacional del Trabajo estima que 708 millones de mujeres en todo el mundo están fuera de la fuerza laboral debido a responsabilidades de cuidado no remuneradas, frente a 40 millones de hombres. A nivel global, las mujeres realizan aproximadamente el 76,2 % de todo el trabajo de cuidados no remunerado, dedicando una media de 4 horas y 25 minutos diarios a estas actividades, mientras que los hombres dedican 1 hora y 23 minutos.
En Estados Unidos, el costo económico de las labores de cuidado es igualmente evidente. El Departamento de Trabajo de EE. UU. estima que el cuidado familiar no remunerado reduce los ingresos vitalicios de una madre en aproximadamente un 15 %, lo que se traduce en una pérdida media acumulada de casi 295.000 dólares en salarios y pensiones de jubilación. Estas disparidades también se reflejan en la participación en el mercado laboral. En 2025, el 73,9 % de las madres con hijos menores de 18 años formaba parte de la fuerza laboral, frente al 93,7 % de los padres.
Cuando el trabajo reproductivo es remunerado, se devalúa
La desigualdad se hace aún más patente al examinar el trabajo de cuidados remunerado. La Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar “National Domestic Workers Alliance”, por sus siglas en inglés, nos recuerda que el trabajo doméstico hace posible cualquier otra actividad laboral y engloba a más de 2,2 millones de niñeras, personal de limpieza y cuidadores en todo Estados Unidos. Sin embargo, estas personas trabajadoras —en su gran mayoría mujeres e inmigrantes— suelen enfrentarse a salarios bajos, condiciones laborales precarias y la exclusión de muchas protecciones laborales. En el sector de la atención domiciliaria, las mujeres representan el 87 % del personal auxiliar de salud a domicilio y el 80 % del personal de asistencia personal.
Según el informe de UFE “Las desigualdades estructurales se basan en la raza y el género”: las mujeres latinas ganan solo 58 centavos y las mujeres negras 66 centavos por cada dólar que gana el hombre blanco promedio.
Aquí radica la cuestión política: el capitalismo llama “amor” al trabajo cuando no quieren pagarlo, y lo etiqueta como de “bajo valor” incluso cuando no puede funcionar sin él.
Por eso, hablar del patriarcado salarial va mucho más allá de que las mujeres trabajen en el hogar; se trata de cómo se organizan los ingresos y la riqueza. ¿Quién tiene tiempo para trabajar, estudiar, ahorrar o invertir? ¿Quién se encarga de los cuidados para que otras personas puedan participar en la economía remunerada? ¿Quién puede acumular riqueza? ¿Quién llega a la vejez sin seguridad económica tras haber pasado toda una vida sosteniendo la vida de los demás?
Desarrollar nuestro análisis crítico mediante la educación popular
Desde la perspectiva de la educación popular, estas reflexiones nos invitan a plantearnos preguntas sencillas pero transformadoras:
-
¿Quién preparó la comida y limpió la casa, permitiendo así que otra persona pudiera ir a trabajar?
-
¿Quién cuidó de los niños para que otra persona pudiera estudiar o desarrollar una carrera profesional?
-
¿Quién dejó temporalmente su trabajo remunerado para cuidar a un padre o madre anciano o acompañar a un ser querido a una cita médica?
-
¿Qué sucedería con la economía si las mujeres dejaran de realizar tareas de cuidado durante una sola semana?
Federici nos ayuda a poner nombre a lo que el sistema económico oculta. UFE nos ayuda a situarlo dentro de estructuras más amplias de desigualdad racial y económica. Juntas, estas perspectivas nos recuerdan que la riqueza no se genera únicamente en fábricas, oficinas corporativas o mercados financieros. También se crea en cocinas, habitaciones de hospital, guarderías, hogares ajenos y en casas de todo el mundo donde millones de mujeres sostienen la vida cada día, con escaso reconocimiento y una remuneración aún menor.
