In these reflections on UFE's Spring 2026 Training of Trainers, a participant highlights the transformative power of popular education, collective learning, and building connections across movements.
CAMINANDO JUNTOS A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN POPULAR
En sus reflexiones sobre la Formación de Formadores de UFE (Primavera de 2026), un participante destaca el poder transformador de la educación popular, el aprendizaje colectivo y la construcción de vínculos entre movimientos.

Chino, in the middle (red shirt) / en el medio (camisa roja)
During the first weekend of May, UFE convened a gathering that brought together independent activists and members of social movement organizations from across the United States. We came together for a Training of Trainers grounded in a commitment to social and economic justice, the recognition of human diversity, and the principles of popular education.
The entire experience reflected a deep commitment to language justice through interpretation in both English and Spanish, allowing us to communicate fully with one another. This was complemented by thoughtful attention to every detail—from the location where the gathering took place to the meals we shared, the moments of reflection and learning, and the overall care that made it possible for us to feel not simply invited, but fully included and part of the experience at every moment.
Sharing Our Stories and Building Our Knowledge, Collectively
We gathered to exchange knowledge, experiences, and feelings about the current political moment and the expectations each of us brought into the workshop. Together, we learned and used tools from popular education methodology to share our stories and build our analysis together.
Listening to the experiences of people who come from long histories of struggle—fighting for the civil rights of Black communities, the historical resistance of Indigenous peoples, labor justice for migrants, the full recognition of gender identities, and access to public health care and education—opened both our minds and our hearts to the significance of this learning process.
Once immersed in the workshop, I imagined a path that we walked together, meeting one another through dialogue between our personal stories and the knowledge we were building collectively. The UFE team guided the process through the integration of music, dance, and songs of commitment and resistance, while also creating moments of rest, joy, and connection that allowed us to continue the journey. Invocations of memory and the spirituality of Indigenous peoples helped nurture a collective process of reflection and meaning-making.
Engaging in Liberatory Practice
In my experience, I have often encountered spaces where popular education is treated as merely a methodology or a neutral technique, useful for bringing those who supposedly have “less knowledge” up to speed—as if it were a way of educating people who are unable to understand complex issues. Such an approach completely distorts the liberatory roots of popular education. It is grounded in the belief that all people are experts of their experience, and are powerful people who can shape community conditions.
At the heart of the workshop, we were invited to work in groups to design participatory exercises that addressed the issues raised during our discussions and that incorporated the tools and practices of popular education. Each group’s proposal was thoughtful in its content, joyful in its participation, and deeply enriching through a process of constructive reflection and collective feedback.
I would say that this collective act of creation required us to break with many assumptions and preconceived forms. We let go of rigid compartments and isolated demands in order to see ourselves as part of broader, more inclusive collectives.
Vulnerability and Unity in Perilous Times
Beneath the surface of the workshop remained many challenges and concerns about the future of our struggles in a context increasingly marked by threats to humanity itself. Yet we also left with renewed hope and a deeper sense of connection to one another.
From my experience—one of the few I have had in this territory—I discovered that our struggles are fundamentally the same and that our feelings are shared. Perhaps this is because, through experiences like this, we come to recognize that we are connected through the earth, the water, and the wind. Our emotions run deeper than we often realize, and they nourish us as we confront the complex challenges facing humanity.
I came to understand that in order to reflect and act, we must come together, share with one another, and open ourselves beyond public discourse alone. We need those moments in which we reveal our concerns, our fears, our pain, and our hopes. It is there that we encounter what makes us human—what connects us to one another and commits us to the collective work of building a more just world.
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Chino (Erick García Quiñónez) is an educator and researcher from Guatemala who has worked extensively on issues of social justice, popular education and Indigenous rights. He recently relocated to North Carolina and is becoming involved in social justice organizing there.
~ English above~
CAMINANDO JUNTOS A TRAVÉS DE LA EDUCACIÓN POPULAR
En sus reflexiones sobre la Formación de Formadores de UFE (Primavera de 2026), un participante destaca el poder transformador de la educación popular, el aprendizaje colectivo y la construcción de vínculos entre movimientos.

Chino en el medio (camisa roja)
Durante el primer fin de semana de mayo, UFE convocó a un encuentro que reunió a activistas independientes y a miembros de organizaciones de movimientos sociales de todo Estados Unidos. Nos congregamos para un “Taller de Formación de Formadores” fundamentado en el compromiso con la justicia social y económica, el reconocimiento de la diversidad humana y los principios de la educación popular.
Toda la experiencia reflejó un profundo compromiso con la justicia lingüística mediante la interpretación tanto en inglés como en español, lo que nos permitió comunicarnos plenamente entre nosotros. Esto se complementa con una atención minuciosa a cada detalle: desde el lugar donde se celebró el encuentro hasta las comidas que compartimos, los momentos de reflexión y aprendizaje, y el cuidado general que hizo posible que nos sintiéramos no solo invitados, sino plenamente incluidos y parte de la experiencia en todo momento.
Compartiendo nuestras historias y construyendo nuestro conocimiento, colectivamente
Nos reunimos para intercambiar conocimientos, experiencias y sentimientos sobre el momento político actual y las expectativas que cada uno de nosotros traía al taller. Juntos, aprendimos y utilizamos herramientas de la metodología de la educación popular para compartir nuestras historias y construir nuestro análisis de manera conjunta.
Escuchar las experiencias de personas que provienen de largas trayectorias de lucha —combatiendo por los derechos civiles de las comunidades negras, la resistencia histórica de los pueblos indígenas, la justicia laboral para los migrantes, el pleno reconocimiento de las identidades de género y el acceso a la salud pública y la educación— nos abrió tanto la mente como el corazón a la trascendencia de este proceso de aprendizaje.
Una vez inmerso en el taller, imaginé un camino que recorrimos juntos, encontrándonos mutuamente a través del diálogo entre nuestras historias personales y el conocimiento que estábamos construyendo colectivamente. El equipo de UFE guió el proceso mediante la integración de música, danza y canciones de compromiso y resistencia, al tiempo que creaba momentos de descanso, alegría y conexión que nos permitieron continuar el viaje. Las invocaciones a la memoria y a la espiritualidad de los pueblos indígenas ayudaron a nutrir un proceso colectivo de reflexión y construcción de sentido.
Participando en una práctica liberadora
En mi experiencia, a menudo me he encontrado con espacios donde la educación popular es tratada meramente como una metodología o una técnica neutral, útil para poner al día a aquellos que supuestamente poseen “menos conocimiento”, como si se tratara de una forma de educar a personas incapaces de comprender cuestiones complejas. Tal enfoque distorsiona por completo las raíces liberadoras de la educación popular. Se fundamenta en la creencia de que todas las personas son expertas en su propia experiencia y son seres capaces de influir en las condiciones de su comunidad.
En el corazón del taller, se nos invitó a trabajar en grupos para diseñar ejercicios participativos que abordaron las cuestiones planteadas durante nuestras discusiones y que incorporan las herramientas y prácticas de la educación popular. La propuesta de cada grupo fue reflexiva en su contenido, alegre en su participación y profundamente enriquecedora gracias a un proceso de reflexión constructiva y retroalimentación colectiva.
Diría que este acto colectivo de creación nos exigió romper con muchos supuestos y formas preconcebidas. Dejamos atrás los compartimentos rígidos y las demandas aisladas para vernos a nosotros mismos como parte de colectivos más amplios e inclusivos.
Vulnerabilidad y unidad en tiempos peligrosos
Bajo la superficie del taller persistían muchos desafíos e inquietudes sobre el futuro de nuestras luchas, en un contexto cada vez más marcado por amenazas a la humanidad misma. Sin embargo, también nos marchamos con una esperanza renovada y un sentido más profundo de conexión entre nosotros.
A partir de mi experiencia —una de las pocas que he tenido en este territorio— descubrí que nuestras luchas son, en esencia, las mismas y que nuestros sentimientos son compartidos. Quizás esto se deba a que, a través de experiencias como esta, llegamos a reconocer que estamos conectados a través de la tierra, el agua y el viento. Nuestras emociones calan más hondo de lo que a menudo percibimos, y nos nutren mientras enfrentamos los complejos desafíos que acechan a la humanidad.
Llegué a comprender que, para reflexionar y actuar, debemos unirnos, compartir entre nosotros y abrirnos más allá del mero discurso público. Necesitamos esos momentos en los que revelamos nuestras inquietudes, nuestros miedos, nuestro dolor y nuestras esperanzas. Es ahí donde nos encontramos con aquello que nos hace humanos: lo que nos conecta unos con otros y nos compromete con la labor colectiva de construir un mundo más justo.
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Chino (Erick García Quiñónez) es un educador e investigador de Guatemala que ha trabajado extensamente en temas de justicia social, educación popular y derechos indígenas. Recientemente se trasladó a Carolina del Norte, donde se está involucrando en la organización por la justicia social.
